Al principio no podías estar un día sin llamarme, a todas horas buscabas tener contacto conmigo ya sea por mensaje o en persona, y si no me veías un día ya te volvías todo cursi con que me echabas de menos, no había día que me faltara tus buenos días y buenas noches, te preocupabas por mi como un loco y no dudabas en acompañarme a casa. Luego pasaste a la fase en que dejaste de llamarme, lo que antes eran dos llamadas diarias se convirtió a una semanal y ni eso, el chico cursi iba desapareciendo, ya comenzaban a faltar en ocasiones tus buenas noches, cada vez tardabas más en contestar. Después llego la penúltima fase, tus buenos días y noches se esfumaron, si no nos veíamos en una semana no parecía incomodarte y tenía que volver luego sola a casa, incluso comenzabas a pasar de mis mensajes y aun conectándote ni me contestabas, los mensajes cursis se convirtieron en mensajes cortantes o simplemente me acababas ignorando. Por último y en la fase en la que estamos, ya parece poco importante para ti hablarme, no me hablas para nada si no lo hago yo (y ya estoy cansada de arrastrarme por ti), y cuando te envío un mensaje te demoras horas en responder, podemos estar perfectamente dos semanas sin vernos y no dices nada al respecto, lo que antes eran largas conversaciones se han convertido en constantes peleas, y duele, duele ver como tu amor por mi se esfumó, porque sé que se esfumó a pesar de que tu lo niegues con palabras, lo afirmas con hechos.