De rotos y perforados, perdedores.
¿Has visto esas escenas donde alguien rompe en dos la foto de un amor pasado que le ha roto hasta las esquinas de el alma?
¿Alguna vez te has detenido a escuchar los sonidos de cuando lo hace, sin la música cliché de fondo, sin las tres tomas moviéndose alrededor de esa persona?
¿No?
Pues déjame contarte que en vida real es un silencio aterrador, que desgarra y quema al mismo tiempo, una sensación en el pecho que hace que quieras arrancarte el corazón cada segundo en que tus parpados están abiertos.
En vida real, romper una foto, romper cualquier cosa relacionada con la persona nunca se siente suficiente, porque te deja una sensación de impotencia,
una sensación de que no importa que rompas,
al final lo más roto,
lo más jodido,
estas siendo tú.
Es la sensación de haber perdido una batalla que ni siquiera sabías que estaba sucediendo.
He estado parándome en tu campo de guerra todo el tiempo, cruzando corriendo en lo que creí un jardín de mariposas revoloteantes, y al final…he recibido el balazo.
Y por alguna razón, aunque tú has jalado el gatillo, sigo queriendo sostener tu mano, como si fueras quien me va a salvar.




