“Usted es una de las pocas razones por las que estoy contento de haber vivido en este tiempo. Se lo digo así sin vueltas, porque sé que me va a entender”
— Julio Cortázar

“Usted es una de las pocas razones por las que estoy contento de haber vivido en este tiempo. Se lo digo así sin vueltas, porque sé que me va a entender”
— Julio Cortázar
Uno anda poniendo el cuerpo y el alma en puertas vacías que nunca van a abrirse. Jugando a la ruleta rusa con los propios sentimientos, entregando un tiempo que nunca más va a regresar. Hay puertas que no se van a abrir aunque uno se clave días esperando que suceda. Batallas perdidas antes de jugadas. Desafiando corazones que no están dispuestos a ser disponibles. Exponiendo y entregando un alma a quien no tiene las manos para recibirla. Pero uno espera igual. Prefiere saber que hizo todo lo posible antes de ser detonado por la certeza de lo imposible. Sí. Hay cosas imposibles. Y cuando el otro no está, cuando el otro no quiere, no puede o cuando esa puerta ni siquiera tiene llave, eso se vuelve imposible. Aceptar es liberarse. Es saber que uno puede ser recibido en una fiesta a la que sí fue invitado. Que si no es allá, entonces puede ser acá. Y que sino es ése alguien, entonces será con otro alguien más. Aceptar no es rendirse. Rendirse es bajarse en medio de la pelea. Pero cuando no hay pelea, cuando no hay con quién, aparece la peor batalla del mundo de los dolores: la batalla con uno mismo. Y en esa guerra uno se mata a palos. Se destruye. Se permite violar las reglas que no negocia con nadie. Uno se regala para matarse. Y no para. Y sigue ahí, al pie de un cañón que ni siquiera lo miró. Hay guerras que se juegan de a uno y se sabe de antemano quién va a perder. Y sin embargo uno sigue. Juega con uno mismo. Entrega la cabeza para ser amputada. Y cuando todo termina, vuelve a casa con la mitad de lo que se fué. No se trajo nada. Dejó todo. Se dejó a uno mismo. Se perdió en el camino. Lo dió todo a cambio de nada. Se mira al espejo y ve heridas que antes no tenía. Raspones que no recuerda de qué parte vino el golpe. Sangre que chorrea sin poder discernir de qué agujero está cayendo. Uno se mata por cosas imposibles, comprando viejos relatos que garpan sólo a quien los vende, empujando a uno a un abismo donde no hay nadie que nos ataje. No todo es posible. Cuando no hay amor, nada lo es. Y el amor es la única cosa en este mundo que no se rema. No se insiste. No se apura. El amor sucede. Y sino sucede, uno padecerá ese desencuentro. Y dolerá. Si. Pero una cosa es llorar porque el otro no me quiere y otra muy distinta es quedarme hasta dejar de quererme yo. Todo puede ser negociable. El amor no. No.
Lorena Pronsky
el es la típica persona que miras
y dices, me va joder la vida
pero le vuelves a mirar y piensas
a la mierda, que me destroze
quiero irme al campo
acostarme en el suelo
mirar el cielo
y perderme en las estrellas.
quiero que me abraces pero estás lejos.
):
Ok, no ha cualquiera se le cuenta el caos que llevamos dentro. ¿ Pero con quien debemos hablarlo, si al final todos fallan?
"La tormenta se acerca y tengo miedo,
Aferrándome a ti, esperando la caída,
Dicen que el futuro es incierto y el mundo es frío,
Y estaríamos mejor caminando en esta vida solos..."
Bajo la penumbra de la noche; admiraba la basta soledad que me rodeaba.
El humo de los cigarros y el licor a medias con el cual me embriagaba.
Sin ninguna compañía solo me tenía a mí; mientras la brisa fría chocaba con mi cara.
Llegaba a casa meditabundo, buscando refugio en la vieja cama donde dormía.
Abrazando aquella almohada, quien era fiel compañera de mis lágrimas.
Al siguiente día me levantaba con tremendas orejeras y una sonrisa disimulada.
Durante la tarde me tranquilizaba diciéndome no lo volveré hacer pero recaía…
Me odio porque entre lo que pienso y lo que hago hay mil cagás que me mando
Siempre espero lo que no pasa