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La sobriedad sexual no es suficiente
Era fines del otoño de 1998, estaba en un viaje de negocios y había estado viendo películas pornográficas en las habitaciones de hotel, otra vez, aunque sin masturbarme. Aunque no había tenido sexo conmigo mismo, las imágenes, la suciedad y la vergüenza corriendo en mi interior eran igual de intensas que si lo hubiera