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#Luimelia: De Madrid al cielo » A. M. Irún
Una bola de fuego recorrió el cuerpo de Luisita. Amelia la besaba con pasión, parecía que la iba a devorar. Sus lenguas jugaban y la humedad de sus bocas se trasladó a su entrepierna. Luisita se separó de su amante y abrió los ojos. Amelia hizo lo mismo. La rubia se topó con los ojos …