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Trabajando con mujeres aprendo a ser hombre... - Drogas&Genero
Trabajando con mujeres aprendo a ser hombre Por Damián Cano, educador de L’Espai Ariadna Espai Ariadna es un servicio residencial confidencial que da atención integral a mujeres (solas o con sus hijas e hijos a cargo), víctimas de violencia de género y con problemática de consumo de sustancias. ¿Deberíamos encontrar a un hombre entre el equipo de profesionales de este equipo? El interrogante no es tan descabellado. Dentro de las propias instituciones sociales aun hoy, en el 2015, me he encontrado con colegas que se extrañan. ¿Qué hace un hombre trabajando ahí? ¿Por qué? Soy EL profesional de este recurso que trabaja con mujeres. Hola, soy EL hombre. Posiblemente me contrataron para que encarne un papel de referente masculino positivo. Menudo desafío. No lo pregunté, pero intuyo que es así y es una suerte. Hasta para esto me jugó a mi favor ser hombre. Ahora me voy a dedicar a ser EL referente positivo de estas mujeres… (¡!) Muchas gracias por este regalito. ¿Qué significa ser un referente positivo? El hecho de que el equipo sea mixto puede ayudar mostrar que existen hombres que no son machistas y esto puede servir para desmontar creencias preconcebidas y dañinas. A mis funciones debo sumarles una óptica, un hacer extra, un no perder de vista detalles que por ser hombre no puedo dejar de tener en cuenta. Cuando generalice siempre lo haré en femenino, me encargaré de conducir grupos ante la mirada asombrada (y a veces recriminante) de mujeres que no entienden por qué un hombre viene a hablarles de “cosas de mujeres”, ocuparé roles que no se me asignan socialmente como por ejemplo cocinando siempre que pueda dibujando un nuevo pacto intra-géneros que recupere el concepto de persona frente a los roles tradicionales. Fomentaré nuevas categorías de socialización basadas en relaciones igualitarias, donde se priorice la condición de persona individual por encima del ejercicio de un rol femenino y, por supuesto, de un rol masculino (la tradicional concepción de la primacía del varón). Tendré en cuenta mi gesticulación, mi estructura corporal cuando tengo que poner un límite o comunicar algo que no resulta agradable como lo es, por ejemplo, una expulsión. No es lo mismo que decida hablar de pie que sentado, moviendo mucho las manos o más bien quieto, elevando la voz o manteniéndola lo más neutra posible. Soy un hombre y no puedo olvidarme que mido casi 2 metros de altura, tengo una mandíbula prominente y una barba de más de tres días. Algunas mujeres al verme el primer día ponen cara de asustadas, alguna ha llegado a decir en cierta ocasión que le recuerdo al agresor, no quieren que sea su referente y lo dicen explícitamente, algunas hijas pequeñas me ven con ojitos de miedo y tardan un tiempo en decirme una sola palabra aferrándose a las piernas de mamá. No quiero ahora colocarme en una posición de víctima. El pobre hombre incomprendido y rodeado de mujeres. Muchas veces me he encontrado con esta mirada compasiva femenina que ha agregado el “pobrecito, rodeado de mujeres”. Alguien me ha preguntado en broma que cómo lo llevo con tanta mujer en medio. Ya no me hacen gracia estas “bromas”. Lo llevo bien, gracias. Me da vergüenza confirmar constantemente que sigue más latente que nunca una sociedad patriarcal que instrumenta el pisoteo de género en todas las esferas. En esta creencia machista que tenemos de que las mujeres son esas víboras que nos asechan. O esa de que existe un hombre valiente que le ha tocado un ardua tarea y un papel muy difícil que desempeñar. Tampoco me interesa venir a ocupar el papel de héroe concienciado. Como esos hombres que de pronto se quedan con todo el mérito de una lucha que no es de ellos. “Ay que ver este muchacho que además es feminista y por eso es mucho más espectacular que cualquier mujer; casi una divinidad que viene a sumarse a las pobres humanas. No voy a ocupar ese rol al que muchos se han adherido para ganar más privilegios de los que ya tienen por el mero hecho de haber nacido. Por favor, no es esto lo que quiero trasmitir. A la hora de realizar mi papel como profesional debo tener muy claro de dónde parto. Soy un hombre. Ese hombre que por serlo tiene más poder estructural, blancucho, occidental, nacido, crecido y formado en una sociedad patriarcal y cristiana. Porque es desde aquí donde parto. Me guste o no. Soy este. El riesgo es múltiple y hay que saber dónde poner el límite. Es importante que las mujeres puedan sentirse cómodas para contarme sus historias de vida. En este recurso eso implica que muchas veces surjan temas muy dolorosos como abusos, violaciones, embarazos no deseados, mujeres que no quieren y no les da la gana esta obligación social de ser madres felices y realizadas en su tarea maternal; por citar solo unos ejemplos . Temas que son de por sí difíciles de tratar y que posiblemente no han sido compartidos con un hombre nunca en sus vidas. Establecer un buen vínculo con ellas que implique seguridad y confianza es crucial para poder realizar intervenciones óptimas. Unas que en definitiva sirvan a la propia mujer en su proceso de recuperación. Tengo que lograr este vínculo sabiendo que si se estrecha demasiado provocaré una dependencia que tampoco es lo deseado. No quiero ser El tío, el salvador, el que sabe, el que arregla… el que reproduce unos patrones que justamente son los que hemos venido a derribar. Para mí ha sido un gran trabajo encontrar y decidir de qué manera ser hombre. Uno que incorpora una perspectiva de género como estandarte y guía de cada uno de sus pasos. Algunas veces me siento un ser extraterrestre. Parece que las mujeres aprenden que existen los hombres y después están los trabajadores sociales que son profesionales y pertenecen a una raza proveniente de Marte o de Saturno. Esta tampoco es la idea porque contribuye a mantener unos mitos muy confusos. Siguiendo a Bourdieu y su concepto de violencia simbólica, yo también me planteo como imprescindible reapropiarme de mi propia imagen para romper con lo que traigo y se me ha dado de serie. Se trata de trabajar la idea de masculinidad, para desechar aquellos conceptos tradicionales de la misma contrarios a las relaciones de respeto, igualdad, equidad y autonomía. Porque quiero meterme en las botas de un concepto de hombre donde no me sienta tan avergonzado y violentado por los poderes que me han sido asignados desde fábrica. Y el trabajo ha de ser cada día. Sin excusas. Aprender a SER hombre trabajando con mujeres. Ese es mi reto.