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La cobardía del machitrol | Tribuna Feminista
La catalogación social como instrumento del odio, sirve para reducir a la persona a la categoría que se le asigna, anulando o invisibilizando la globalidad de su personalidad. Desde los comportamientos más infantiles a través del bullying, que cataloga a las personas como el gordo, la estirada o el gafotas, hasta formas más formales dentro de la política como el marxista o el facha, la asignación de una característica única para definir las extensas y complejas personalidades o ideologías de cada ser conlleva su reducción a esa particularidad como diana de todos los ataques. Cuando uno se autocataloga a sí mismo, aun corriendo el riesgo de que se invisibilice su globalidad, es un ejercicio de inmensa valentía porque supone la declaración abierta de que formas parte de una clase o que tienes unos principios alineados con una ideología concreta y eso te expone a que todo el que se opone a esa ideología encuentre la manera fácil de atacarte. Cuando uno se cataloga como feminista está