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Redes de virtud | El Naufragio
Se hizo el silencio tras el centenar de disparos que atravesaron su pecho, en forma Lilian. Escuchó los gritos desgarradores de la Reina Ananasa en su mente, insultándola y acusándola de traidora a sus deseos. Valeria tan sólo miró a los ojos del asesino que ordenó su ejecución, uno de los mandamases del clan que arruinó su vida, el que puso aquella misteriosa joya de color rojo en su poder; Henry Beret dio la orden de alto el fuego a su equipo. Los soldados, entrenados exclusivamente para tratar con seres sobrenaturales, dejaron paso a su jefe, que se puso a la altura de la Ananasi fusilada. Aún permanecía con su cuerpo convertido en una araña-centauro, lo que significa que quedaba un hilo de vida en ella. Pero la sangre estaba manando deprisa por las heridas de bala; a Valeria no le quedaba mucho. - Nos has ayudado mucho, Parhon. – dijo Henry, acariciando la cara desencajada de la mujer araña. El cuerpo de ésta empezó a cambiar a su forma humana. – Puedo darte sangre vampírica para