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Lázaro Pérez (Soria). Vino y cacahuetes, elogio de la tasca
No hay en Lázaro Pérez un gran muestrario de pinchos y tapas, y nada se puede comer caliente, pero en el centro de la barra se acumulan los platillos de marisco, que es como Pepe llama a los cacahuetes, al maní, al jamón de mono cuyas pieles y cáscaras embellecen el embaldosado retro si caen al suelo. A su lado, alguna sencilla banderilla en vinagre y trozos de bacalao crudo sin desalar que apenas se limpian para mantener la bravura, salinidad y el carácter agreste del gádido en salazón. Un gesto vale para que te sirvan en pequeño vaso modelo Cigüeña otro tiesto, mezcla de moscatel y blanco de Toledo que prepara a la vista del cliente. O un vaso de tinto dulce. O un cariñena rancio. Cualquier cosa que anime a hablar de futbol, de meteorología, de torreznos, de si el Laureano se habrá echado novia o no. "Ahora nos echamos un vino donde quieras y las nueve y media".