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Los precios sin IVA y el octavo Mandamiento
No paguen más del importe que aparece junto a cada plato, niéguense a ello, animan la OCU y FACUA, como si tal resistencia fuera sencilla en un país pícaro y cainita donde el libro de reclamaciones ha sido un garrote escondido bajo el mostrador o exhibido amenazante en la pared, junto a décimos de lotería y botellas de Soberano. Tal vez ese disuasorio elemento folclórico ha resultado determinante para que convivamos con una ilegalidad que a mí, particularmente, me irrita. Y más en refectorios de postín, de sol Repsol y estrella Michelin, que es precisamente donde más cobran por sus creaciones y, consecuentemente, más tentador resulta el tender la trampa. Y escribo " ilegalidad", insisto, porque el artículo 60 de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios también refleja la obligación de indicar "el precio total, incluidos todos los impuestos y tasas". Y la ley dicen que es para todos, guste o no, también para los popes del comer.