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Las hojas que amanecerán | La Luna y el Gato
La literatura es un espejo, donde se conjugan dos imágenes contemporáneamente paralelas, en sí mismas, al mismo tiempo, capaz de tener en cuenta el pasado y hacer las cuentas con las mentes que allí estuvieron, que se comprometieron con su tiempo para poder reflejarlo y reflejarnos al reflejar nuestro tiempo, contemporáneo, capaz de reflejar el tiempo que vendrá, iluminándolo. Esta obra literaria es un fragmento de un diamante capaz de reflejar y conjugar en sí misma todas las delicadas y precisas fases que conforman la luz, presentando en su diagrama anagramático las diferentes virtudes de la literatura y la letra, homenajeando así el divino don de la prosa y la poesía. Loüet nos recuerda en sus hojas que para entender la literatura (real reflejo del presente) y poder escribirla (como leal y sincero intento, ejercicio de describirla) necesitamos vivirla y vivir cada instante, cada momento (mágico, real, especial, simple) como único, como último, para poder repetirlo, una y otra vez… Nos recuerda que una obra literaria bien elaborada tiene la virtud de conservar el tiempo pasado, vivamente presente, en el presente y los recuerdos que ella la componen y la alteran, construyendo el claro sentido que conmueve y recrea nuestra memoria y la de los que ahí estuvieron, los que serán, los que fueron y seremos. La noble obra que Loüet delicadamente nos dona en las venas y en la sangre de su sensible literatura emerge, contrastándonos con los más simples y comunes arquetipos que elevan la cotidianidad de las frágiles y habituales peripecias y miserias humanas del hombre ordinario, nos demuestra que enfrente a la imagen clara (la obra) el hombre (en su género) inevitablemente es modificado en su esencia, interiormente para mejorar (exteriormente) su reflejo (ideal de su persona).