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Personas que te salvan dos veces
La doctora que me dio la mano cuando, incapaz de ponerme de puntillas, casi rompo a llorar. El médico lacónico y aparentemente adusto que, reparando en mi expresión al beber aquel engrudo, me dijo: “No se preocupe; en unas semanas podrá comerse un bocadillo de jamón”. El neurofisiólogo que me confesó que había rezado