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MORIRÁN CONMIGO - Página de escritores
Siempre conmigo a todas partes, eramos inseparables, no sé que hubiese ocurrido de no ser por ellos. Pero sabía de otros que los perdieron, y ahora lamentaban aquel maltrato al que los habían sometido. Esa noche y después de aquella espantosa tormenta, el bosque permanecía en tinieblas, el frío se hacía insoportable. La lluvia caída nos empapó, el barro y las piedras al arrastranos por ellos nos herían. Aquel inferal camino no había duda de que conseguiría que murieran conmigo. Toda mi vida fueron mi apoyo, siempre intenté cuidarlos, que no sufriesen, mimarlos y que no tuviesen dolor alguno. Ya que su bienestar era el mío. Pero ahora era inevitable, los rasguños producidos por aquellos cortes en la piel nos escocían, nos hacían sangrar, textualmente sus rozaduras eran alarmantes. Al verlos de aquella manera tan extremadamente dañada, me paré y quise remediar su dolor que también era el mío. Les di una orden, la de descansar, el maltrecho camino nos había perjudicado tanto que no lograríamos cruzar por aquel terrible paraje de arboleda y matorrales, sin hacernos nuevamente daño. Y así fue cuando me levanté, al primer paso que dimos una zarza se enredó en uno de ellos. Volvía a llover, sin duda era una de las peores acampadas que había hecho, un terreno encharcado me obligó a abandonar el campamento y tomar aquel camino para la vuelta a casa. Cruzar el bosque embarrado no me resultó fácil, tampoco para ellos lo fue. Me habían soportado durante toda la vida, y ahora los estaba destrozando por culpa de aquella decisión de querer acampar en pleno bosque y salir de él en plena noche y por aquel atajó. No había duda siempre se ha dicho que los pies es la parte más sufrida del cuerpo humano. Bajé la cabeza, los miré y les dije: No os preocupéis pronto estaremos en casa. ©Adelina GN Adelina Gimeno