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Enemigo alemán (Alzheimer) - Página de escritores
Ella y lo complicado de vivir en una oficina todo el día pegada al ordenador y sin poder escribir una letra, ni uno sólo de sus dedos le perteneció mientras trabajó por cuenta ajena. Cuando llegó su princesa se esforzó por seguir asistiendo a la universidad, haciendo filigranas con los horarios, juntando noches con días para estudiar. Recuperó vida laboral y de regalo una vida añadida a la de asistente del hogar, y ahora una tercera como recién estrenada mamá. Conciliar esa aventura imposible, se convirtió en su reivindicación constante. Cuando llegó el segundo retoño todo se complicaba aún más. Repartir las mismas horas para una vida más ya no le daba el día, le faltaban horas. Aún así, ejerció en todas sus vidas el papel que de ella se esperaba. La perfecta ama de casa del siglo veintiuno. La crisis le golpeó con su peor guantazo, momento de universidades donde todo el dinero era poco y necesario. Finalmente el paro la colocó de nuevo en ese ama de casa sin currículo donde gastamos energía y vida. Sin derechos, ni reconocimientos, sin reinserción laboral, una condena perpetua no revisable. Camina cada día al mercado, los años han dejado huella. Lleva erguido su manojo de acelgas como si fuera un ramo de rosas disfruta del sol, recuperando a la niña. Mira con sus ojos nuevos la vida, escribe, o lo intenta, cada día. Tiene el alma llena de historias, no recuerda si vividas, imaginadas o escritas. La vida le regala luz, y ella responde con sonrisas. La muerte se lleva amigos y parientes mientras su espalda se acerca más al suelo para resistir los golpes. Presentes los que se fueron, a veces se cierne a la orilla de un camino imaginario por donde pasan entre risas todos sus recuerdos en fila de a uno, sólo los buenos porque olvidó los malos. Falta menos, se dice, o nada quizás. Se fuerza a ejercitar su memoria, apenas evitando desvaríos. Quizás con un poco de suerte, se convierta en invisible para el alemán enemigo. No se conforma no obstante simplemente ya no pide vivir a gritos. Un susurro de vida se cuela alguna vez por su ventana al infinito. al que ahuyenta con esa sabiduría que dan los años. Asegurándose de que no hay posible confusión. Bella mujer, guapa por dentro inteligente y sufridora, luchadora nata, a la que procura siempre llevar consigo. A la que pierde en cada olor, en cada balcón florecido, por sus calles las sombras se llenan de frío. Todo es nuevo cada día, para quien duerme con el olvido. Reprime un suspiro, mientras sigue pasando el tiempo. Imparable y necio, voraz e indiscreto. Aunque para ella ya todo lo que queda es hoy, ahora, en este momento. Sola y sin recuerdos. @carlaestasola Día 22 de Febrero. Algún día dejaré de escribir sobre mis miedos, teniendo en cuenta que el último se hizo realidad, debería, pero algo me empuja a hacerlo. Música: Dvorak – Romance for piano and violin, Op.11 CarlaElla Carla Duque es el pseudónimo de una mujer que no creía en sí misma. Aprendió a integrar en su vida cotidiana todos los grandes adelantos de la tecnología desde hace tanto que no alcanza a recordar, lidiando con todo tipo de engendros con teclados. Sobrevivió al cambio de siglo adaptándose a su entorno, no sin esfuerzo. Fue acusada en juicio sumarísimo de huir de la realidad con este personaje, no sabían sus jueces que nada había más lejos de su realidad que la vida real. Yo Soy en la medida en que me dejo llevar por las teclas, procuro con toda la torpeza comprensible en una advenediza, enlazar sílabas, componer palabras que se asocien entre sí expresando todo aquello que mí día a día no me permite expresar. Desde niña me desahogué ante un folio y traté de asesinar mis recuerdos, más todo acababa siempre en una papelera, una hoguera, o en un cubo de basura, siempre hecho añicos. Llego al mundo bloguero y monto mi primer blog en el año 2008. Luego, mi inconstancia me llevó al olvido. Volvía en el 2011 con otro, y otro blog… Pero no fue hasta el 2013 cuando surgió “La Mala Rosa”, le siguió “Subversión Labial”. No fue hasta mi colaboración para “El Poder de las Letras” desde hace dos años al que debo mi recién estrenado metodismo. He conseguido a regañadientes sentarme con periodicidad a escribir para mi cita de los viernes con los lectores. Y hasta aquí puedo escribir, el futuro es incierto, sigo sin creer en mí misma, pero no cejo en el empeño de conseguirlo algún día. Relacionado