elpoderdelasletras.com
El cambio de los días - Página de escritores
Era el día del cambio de los días y entre el vapor que se elevaba de la fogata que se encontraba al centro del campo y las visitas etéreas de sus ancestros, ella danzaba bajo el ritmo enervante de las flautas dulces. Con esa danza, elevaba su petición al universo abrazando una a una las almas que vinieron a cobijarla; con esa danza demandaba que partiera lo que ya no servía en sus días y se renovara la existencia de aquello que anhelaba. El letargo comenzó a invadirla cuando el intenso olor mezclado del romero y la salvia entraron mediante su respiración llenando sus pulmones y su cuerpo entero hasta provocar abandonarse a un ritmo lento y constante que venía desde su propio centro. Inundada por la purificación del fuego, tomó entre sus manos un atado de hierbas ancestrales haciendo círculos perfectos en invocación a lo que ansiaba; y después de danzar e invocar, danzar e invocar; mientras pedía cayó rendida sobre el pasto fresco, bañado por el rocío que anunciaba próximo el amanecer. Ahí, tendida sobre la hierba, cerró los ojos y se dejó rodear por el abrazo de las hechiceras que habían andado el camino antes que ella. Pudo sentir la suave piel de su madre, quien había partido hacía más de quince mil amaneceres, rodeó su cara y pudo pasar suavemente la yema de sus dedos sobre el límite de su piel quedando grabada la vereda de su faz. Pudo sentir el cobijo de la gran abuela que, alejada siempre de magias y conjuros, ahora se presentaba sólo para cubrirla con la fuerza de su corazón y para hacerle la promesa eterna de no permitir que ni una más de su linaje volviera a morir de tristeza. Miró de frente, los ojos profundos de la más anciana que le mostró la fuerza que la mantiene firme a las raíces de la tierra llenándola del poder que la levanta y mueve cada día, al tiempo que se transporta a la torre de piedra que la vio nacer como anciana hechicera. No tiene la certeza del tiempo que ha pasado, sólo fija sus ojos en la luna que la ha iluminado desde siempre; no siente el tiempo, ni el frío, ni siquiera su propio cuerpo que permanece sumido en esa deliciosa inconsciencia. No tiene certeza del tiempo, y casi sin voluntad inicia a incorporarse lentamente, como si parte de ella se negara a volver al mundo porque sabe que dentro de su letargo, más magia emerge. Abre los ojos y se sienta mientras un ligero viento le dice suave al oído que todos sus anhelos serán cumplidos; se levanta sintiendo la bendición del amanecer subiendo desde la planta de sus pies hasta colmarla de leves tonos naranjas y rojos que le colman de la paz que regala la certeza. La hechicera, con calma se abraza con el amanecer que le transporta a su casa mundana, desde donde puede observar al mundo. Desde donde puede impregnar el bosque y el mundo de su mágica presencia. Nora Arrieta«Me llamo Nora, vivo en la ciudad de León en México y tengo 53 años. Desde siempre me ha encantado leer y crecí con historias de cuentos y hadas en las que los sueños se hacen realidad. Me encanta la novela histórica y la poesía. En mi juventud escribí y publiqué algunas obras y abandoné las letras para retomarlas apenas hace un año, disfrutando muchísimo pintar en pliegos mi vida y las que me puedo robar en mi andar diario. ¡Gracias por leerme y sentir mis palabras en tu ser!.