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Colombia, un nuevo país latinoamericano en Paro General: elementos para su mínima comprensión
Por Julián Granda*, desde Colombia/especial para El Furgón - Colombia había sido uno de los países en Nuestra América que menos capacidad de respuesta había tenido al neoliberalismo. Hasta el 21 de Noviembre, se habían presentado por lo menos nueve hechos relevantes que podrían denominarse como anti neoliberales. Estos fueron: Articulación de las resistencias en las jornadas electorales del 2006 entorno a la figura social demócrata de Carlos Gaviria Díaz. Este proceso, en medio del escalamiento de la guerra contra insurgente contras las guerrillas y el pueblo en las calles, generó una tasa de participación sumamente alta; de dos millones de votos, nunca antes realizado por un candidato reivindicado por la izquierda. El despertar de una movilización estudiantil nacional universitaria en el 2011 que: A. Asumió la lucha contra una reforma neoliberal en la educación: la reforma a la Ley 30 de 1993, propuesta por Juan Manuel Santos, cuyos alcances daban mayor apertura al mercado de la educación en contravía del fortalecimiento del Sistema de Universidades Públicas. B. Se encaminó hacia la consolidación de una reforma alternativa, con carácter público, universal. [caption id=attachment_15797 align=aligncenter width=265] El País, de Cali.[/caption] El Paro Nacional agrario del 2013 que mantuvo al país en Paro General durante más de un mes, cuyos ejes de articulación contaron con: limitación a la importación de productos agrícolas gracias a los tratados de libre comercio con Estados Unidos; disminución de los costes de los insumos para la agricultura; así como dotación y regulación de los insumos tradicionales. El Paro Nacional de los profesores, afiliados al sindicato nacional Federación Colombiana de Educadores, Fecode, en el 2016 que mantuvo en tensión al país durante más de un mes. Sus consignas giraron en torno a la implementación de decretos que precarizaban la condición laboral de los docentes recientemente ingresados al sistema. El Acuerdo de Paz que desde el 2012 comenzó el entonces presidente Juan Manuel Santos que permitió, no sólo garantizar que la guerrilla, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo hacía la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, sino también revitalizar un conjunto de consignas que estaban troqueladas por la construcción del enemigo interno, tales como los derechos básicos, secundarios, terciarios y de cuarta generación. [caption id=attachment_15800 align=aligncenter width=325] El Espectador, de Bogotá.[/caption] Finalmente, la articulación de las resistencias en las jornadas electorales del 2018, entre el candidato de la ultraderecha, la burguesía financiera, mediática y terrateniente, Iván Duque Márquez y el candidato de las multitudes trabajadoras, estudiantiles, campesinas, indígenas, afrocolombianas, feministas, Gustavo Petro Urrego. Esta votación no sólo fue espectacular sino que permitió medir una fuerza ascendente de más de 8 millones de habitantes. La consulta anti corrupción del 2018, que sacó a las calles a 11 millones de personas entorno a demandas como: declaración de renta de ejecutivos y parlamentarios del Estado, limite a las candidaturas permanentes en los escenarios legislativos, contratación transparente. El Paro nacional Estudiantil del 2018 que contó con consignas como ampliación de la financiación a la Universidad Pública, eliminación del Banco para los Estudiantes, ICETEX, desmonte del Escuadrón Móvil Antidisturbios que le ocasionó miles de heridos y la afectación de por vida de una decena de estudiantes. El Paro nacional indígena y campesino en abril del 2019 que contó con las mismas consignas del 2013 y cuyo desenlace, para favor del Gobierno, fue la constitución de mesas de trabajo Comité de Paro y Gobierno. [caption id=attachment_15799 align=aligncenter width=331] Portada de El Espectador, de Bogotá.[/caption] Sin embargo, los alcances de estos procesos se vieron limitados y no lograron ser una respuesta contundente y estructural; y por lo menos, cuatro factores alcanzan a explicar dicha realidad: La contra ofensiva mediática y represiva por parte del Estado y los partidos políticos de derechas contra las jornadas electorales y las movilizaciones. Los problemas de la refrendación entre las bases y sus representantes. El desgaste de las movilizaciones, por dilatación de las respuestas en las mesas de concentración creadas para aminorar la potencia del paro. La incapacidad de articulación de luchas y clarificación subjetiva en las masas de los objetivos y alcances de cada de unos de los eventos. [caption id=attachment_15801 align=aligncenter width=373] El Heraldo, de Barranquilla.[/caption] Además, el ciclo del conflicto armado en Colombia que no se negaba a cerrarse y le hacía el juego y la justificación a las derechas, el imperialismo y el régimen político neoliberal. En este sentido, las respuestas anti neoliberales, tendieron a posponerse, mientras el Estado se recomponía y las fuerzas tomaban respiros para evitar su radicalización. A pesar de lo anterior, cada uno de los sectores que participaron en las movilizaciones logró consolidar una mesa de interlocución propia que ha sido conformada por la Central General de Trabajadores, la Central Unitaria de Trabajadores, la Central de Trabajadores Colombianos, la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación, la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles, la Dignidad Agropecuaria, la Coordinadora del Poder Judicial, las Organizaciones de Mujeres y Ambientalistas; y esta mesa definió, durante el mes de octubre, convocar a la ciudadanía nacional a una jornada de paro nacional para el 21 de noviembre. [caption id=attachment_15803 align=aligncenter width=566] Iván Duque, presidente de Colombia.[/caption] La fecha de la convocatoria había estado en el debate todo el año. Inicialmente, se convocó para abril, luego se consideró para mayo, pero el despertar latinoamericano de países como Puerto Rico, Haiti, Ecuador, Argentina, Paraguay, Brasil, Chile, México y Bolivia le imprimieron fuerzas a la movilización. Desde el gobierno y los partidos declarados a favor del mismo, pasando por el sector terrateniente, financiero e industrial se procuró desmoralizar a la ciudadanía con apuestas mediáticas del miedo, pero al llegar el 21N ninguna de las apuestas de las derechas se subjetivó y la movilización fue arrolladora. En las ciudades capitales más importantes se contó con movilizaciones que sumaron alrededor de 900.000 mil personas. Por ejemplo, en Medellín fueron 220.000; en Cali: 150.000 personas; en Bogotá: 300.000 mil personas. Lo anterior sumado a las movilizaciones nacionales que se dieron en todas las ciudades intermedias y pequeñas. [caption id=attachment_15804 align=aligncenter width=678] Marcha de maestros.[/caption] Pero, si las movilizaciones fueron multitudinarias, las consecuencias lo fueron mucho más. A partir de la noche del 21N, comenzó una apuesta colectiva espontanea que se ha tomado hasta el 28 de noviembre: el 80 por ciento aproximadamente de los barrios de Bogotá; el 60 por ciento de los barrios de Medellín a través de jornadas culturales de resistencia, que han contado con cacerolazos, plantones, performances, marchas; así mismo, se ha caracterizado por esfuerzos por realizar Asambleas Populares, bien sea en el nivel municipal o territorial. Los puntos sobre los cuales se ha conformado los pliegos de exigencia hoy se han desbordado. De los 10[1] puntos iniciales, la ciudadanía habla de ampliarlos o cualificarlos. Por ejemplo, de consignas como no al paquetazo de Duque de reforma tributaria regresiva, se ha pasado a la propuesta de reforma tributaria progresiva. Del cumplimiento de Acuerdos, se ha pasado a la consigna de reforma a la Ley Educativa, de Salud y Vivienda. Así mismo, de la exigencia de una negociación por parte del Comité del paro, conformado por los anteriores movimientos, se ha exigido una ampliación del mismo, dado que la representividad ha sido corporativa y la movilización espontanea, de gente sin agremiación en ellos. [caption id=attachment_15798 align=aligncenter width=629] Página interior de El País, de Cali.[/caption] Finalmente, es imposible declarar el porvenir del Paro Nacional en Colombia. Sin embargo, se evidencian por lo menos dos tendencias. Reformista. La tendencia reformista buscará realizar el cumplimiento de la mayor cantidad del pliego de exigencias por el que se llamó a la movilización. Implicará disminuir la capacidad de resistencia y radicalidad de los componentes más inconformes con el régimen político y neoliberal y asumir la actitud de la real politik: será necesario negociar para no abrir rutas de institucionalidad. Destituyente. La tendencia destituyente es variopinta. Ha implicado desde la consigna de ampliación del Comité del Paro, hasta la conformación de un gobierno de transición conformado por éste y la convocatoria de una Asamblea del Poder Constituyente. En el entendido que los puntos de las demandas ampliadas, chocarán indefectiblemente con las paredes jurídicas que sólo a través de un proceso como estos se podrá realizar. Pero, como los resultados del paro aún están por dirimirse, sólo el poder del aguante y la acumulación de sectores trabajadores en las calles podrán determinar su orientación. En todo caso, ambas tendencias tendrán sobre sí el efecto reflujo y desgaste del Paro General. -- *Es Sociólogo de la Universidad de Antioquia. Actualmente, cursa estudios de la maestría en Estudios Políticos Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Colombia. No sólo le ha seguido la pista al conflicto latinoamericano, sino también al colombiano; y este en las calles y asambleas que han venido constituyéndose. [1] Contra la reforma laboral: Contra la Reforma pensional; Contra el Holding Financiero; Contra las privatizaciones; Contra el tarifazo nacional; Por el cumplimiento de los acuerdos; por la defensa de la protesta social. Para ver más, visitar: http://ail.ens.org.co/noticias/las-10-razones-del-paro-nacional-del-21-de-noviembre/
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