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Carta a Ernesto Guevara
Por Enrique Gandolfo*/El Furgón - Me reencontré hace unos días con esta poesía, aunque ha estado en mí desde aquel año hoy tan lejano. Era octubre del '67 en Esquel. Fui con mis padres a lo que terminó siendo una auténtica pueblada. El ejército intentó imponer por la fuerza el desalojo de pobladores pobres en el faldeo del camino a la laguna la Zeta y se encontró con una verdadera movilización autoconvocada, que saliendo a la calle pacíficamente consiguió impedir el atropello. [caption id=attachment_14819 align=aligncenter width=250] El Che, leyendo en un árbol[/caption] En plena dictadura de Onganía la acción solidaria y decidida de un millar de personas, en un pueblo de 14 mil habitantes, hacía retroceder la injusticia. Volvimos con mi hermano Daniel, mi madre Mercedes y su gran amiga, la médica Nair que manejaba el auto. Había esa felicidad que produce protagonizar una acción exitosa de rebeldía frente al poder. De golpe asomó aquella otra preocupación de esos días: ¿quién era el caído en Bolivia? La mejor información venía de las radios chilenas. Nair dijo aquello que no queríamos escuchar: “Parece que esta vez es cierto, es el Che”. Todavía siento la tristeza con que esa frase fue dicha y el silencio que siguió. Tiempo después mi padre y mi madre viajaron a Buenos Aires. A la vuelta trajeron un poster con una litografía del pintor Demetrio Urruchúa y aquella carta-poesía que siempre recordé. [caption id=attachment_14820 align=aligncenter width=354] Pintura de Demetrio Urruchúa[/caption] Estaba escrita como letra de emergencia en aquellos días de incertidumbre sobre las muertes en Bolivia: “Te escribo donde estés,/ cómo saberlo,/ nos dicen que te han muerto nueve balas,/ puede ser,/ para un pecho como el tuyo/ una sola no basta.” La fuerza de esos versos estremecía mi conciencia de niño-adolescente con doce años a cuestas. Mi padre cada tanto la recitaba y su voz se llenaba de tonos emotivos. [caption id=attachment_14821 align=aligncenter width=300] Ernesto Guevara[/caption] En las mudanzas se debe haber perdido el poster y no conseguía, en tantos años, recordar el nombre del autor. Tampoco lo pregunté en mi casa. A medida que conocía más la dimensión humana y revolucionaria del Che, más resonaba en mi memoria aquella carta. Hace poco se presentó en Bahía Blanca un libro sobre la vida y la obra literaria del gran escritor y poeta catamarqueño Luis Franco, un amigo de mi familia. Franco había prologado un libro escrito por mi madre, Mercedes Balech, sobre la iglesia como factor de poder en Argentina. [caption id=attachment_14818 align=aligncenter width=1024] Combatientes en Bolivia[/caption] En la charla se hizo mención a su amistad con Demetrio Urruchúa y con el poeta Lucas Moreno, quien fue compilador de su antología poética. Como un rayo apareció el recuerdo de su nombre como el autor de aquella carta a Ernesto Guevara. Apellido y nombre facilitaron vía internet la reaparición de la poesía que vuelve a emocionarme como en aquel lejano '67, cuando todo parecía estar empezando. -- *Docente. Secretario General de la CTA de Bahía Blanca Lucas Moreno CARTA A ERNESTO GUEVARA Te escribo donde estés, cómo saberlo, nos dicen que te han muerto nueve balas, puede ser, para un pecho como el tuyo una sola no basta. A fuerza de ese che tan argentino te erguiste en Che –como quien dice, nada– en la remota voz de nuestra tierra es hombre esa palabra. Tal vez no lo sabían, no lo saben los que así te llamaron o te llaman, te iban diciendo hombre y lo probaste, y con más de una hombrada. Te iban diciendo hombre y no faltaste, Che hombre, ni una vez a tu palabra. Te iban llamando hombre Ernesto hombre, nombrándote che hombre, Che Guevara. Nos dicen que te han muerto, qué aventura tu muerte aglomerada; fuiste viviendo muertes sucesivas, te van sumando muertes necesarias, para matarte como ellos quisieran cuantas más harán falta. No sé, no lo sabemos… por si fuera verdad, ahí va esta carta. Quiero decirte, hermano, que tu tierra te aguarda, no te nos morirás, cómo dejarte, cómo dejar así que te nos vayas. Por si fuera verdad lo de tu muerte en la selva lejana, tu América morena habrá de alzarte como una llamarada. Tu América morena habrá de alzarse porque tu frente iluminó su entraña, minero de metales prodigiosos, cateador de futuro Che, Guevara. Tomaremos tu muerte, tu silencio, tu cabeza yacente reclinada, las nueve balas de tu pecho yerto y el perfil nazareno de tu cara. Dános toda tu muerte, tu silencio, para asumirlos en tu fe probada, guerrillero de luz liberadora, vencedor de la muerte Che, Guevara. -- Lucas Moreno (1929). Poeta. Nació en Buenos Aires, Capital Federal. Fue compilador y prologuista de la Antología poética de Luis Franco, editada por Eudeba. El poema que editamos fue el primero publicado en Buenos Aires dedicado al Che. Apareció en el semanario Propósitos, que dirigía Leónidas Barletta, el miércoles 18 de octubre de 1967. En noviembre de ese año se editó como póster con una litografía original de Demetrio Urruchúa. La obra poética de Lucas Moreno configura un mundo propio, reconocible. Recorre la poesía clásica, donde lo real y lo simbólico conforman lo unitario. Y comparte su mirada con los otros. Lo vital, la naturaleza, la cruenta lucha como condición del ser humano, los abismos del ser, son parte de su temática, de su constante búsqueda. [...] La palabra es siempre una suerte de clarividencia, de premonición, de espejo. Una vez más los tópicos del clasicismo castellano. Vivificador, insondable, anota Carlos Penelas acerca del autor. Sus libros de poesía editados: Descubrimiento de Diana, Destellos, Rama florecida, Memoria de los fuegos y Poemas sacros.
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