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Lléname de luz  - El Canto de Antoñetta
Desde que el mundo la había quitado el aliento de sus días , había perdido toda ilusión por seguir existiendo. Se sentaba en su mecedora junto a la ventana de su habitación y contaba las hojas caducas de los árboles del paseo, o los copos de nieve en el alféizar de su ventana. Deshojaba mentalmente las margaritas y comprobaba como amarilleaban las espigas con la llegada del bochornoso verano. Rosario anhelaba con una llaga …