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Ladrón de instantes - El Canto de Antoñetta
Erosionó mi cuello con el filo de su lengua y comenzaron a conectarse todos los filamentos de mi piel, creando una corriente que traspasó mis fronteras y puso en guardia sus sensores . Recorrió mis hombros con el revés de sus dedos, mientras mis gemidos se confundían con una gata en celo y su respiración calentaba, sin permiso, el lóbulo de mi oreja . El puente de Luis I estaba siendo el mejor testigo imaginable. Aún permanecían las luces …