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¿Y ahora qué, Guatemala? - Fernando Díaz Villanueva
Guatemala es de ese tipo de lugares en los que, quizá porque viven al margen del mundo, a veces suceden las cosas más insospechadas. Cosas como que de una tacada caigan el presidente, la vicepresidenta, un puñado nada despreciable de ministros, el presidente del Seguro Social, el gobernador del Banco de Guatemala, el director del SAT (la agencia tributaria local) y un sinfín de altos cargos. Todo a causa de la corrupción, lo cual es decir mucho porque en Guatemala la incidencia de la corrupción –la pública y la privada– fue siempre altísima. Los chapines (gentilicio coloquial de los guatemaltecos), de hecho, la descuentan como algo connatural al sistema. Han aprendido a vivir con ella como un mal menor, y acaso necesario, inherente a la república desde su improvisada fundación a mediados del siglo XIX. Nadie, ni los mejor informados, esperaban hace solo seis meses la cruzada que se iba a desatar a lo largo y ancho de todo el país a cuenta de la CIGIG, una comisión dependiente de Naciones Unidas, instaurada tras el fin de la guerra civil y cuya labor es velar por el fortalecimiento del Estado de Derecho. Casi con toda seguridad la CIGIG, cuestionada hasta [...]