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Ultraportátiles, elogio de lo pequeño - Fernando Díaz Villanueva
Al igual que todos los veranos tienen una canción, todas las Navidades tienen un regalo, un gadget fetiche que se reproduce como el virus de la gripe por las estanterías de las tiendas y los sitios web que, tanto usted como yo, visitamos con dedicada entrega. La última Navidad fueron los marcos de foto digitales, la anterior los discos duros multimedia y así sucesivamente hasta la Game Boy, que acaba de cumplir su mayoría de edad olvidada por todos. Todo gadget de moda empieza su carrera como producto exclusivo al alcance de unos pocos. Generalmente caro (diría yo que prohibitivo) y sólo contemplable a través del cristal de un escaparate. Entonces, nadie sabe cómo ni por qué, el gadget en cuestión sufre una mutación genética y comienza a expandirse casi a la misma velocidad en que se abarata. Los marcos digitales, por ejemplo, eran hace sólo cinco años una curiosidad tecnológica, un lujo asiático (y nunca mejor traído el origen) de esos que miramos embobados, pero que no nos podemos permitir y que si, haciendo esfuerzo, nos los permitiésemos, echaríamos horas pensando cómo vamos a utilizarlos. Porque los cacharros tecnológicos son como Gandalf en El Seños de los anillos; llegan [...]