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Los unicornios no son rosas (y además no existen) - Fernando Díaz Villanueva
El culebrón griego promete eternizarse, al menos mientras al Eurogrupo le alcance la paciencia. Tsipras sigue sin querer entender que gobierna un Estado quebrado que sobrevive gracias a la misericordia de los acreedores. Del discurso justiciero y revolucionario de hace seis meses apenas quedan cuatro ecos propagandísticos para consumo interno. La realidad no es que se haya impuesto con el tiempo, es que siempre estuvo ahí aunque los chicos de Syriza –atados de pies y manos a causa de sus promesas imposibles de cumplir– se negasen a verla. Lejos quedan aquellas apelaciones a la soberanía que “los pueblos del sur” habían perdido respecto a los del norte. Ignoraban que solo se es plenamente soberano cuando no se debe nada, y Grecia chapotea en deudas que ni poniéndoselo facilísimo consigue terminar de pagar. El unicornio que compraron los griegos –no todos, cierto es, solo el tercio del electorado que votó por la izquierda radical– el pasado mes de enero se resumía en dos postulados, a cada cual más delirante. El primero que la deuda contraída por los Gobiernos anteriores era “odiosa” (sic), por lo que no había obligación moral alguna de devolverla. El segundo, emanado directamente del primero, es que el [...]