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Geometría esperpéntica - Fernando Díaz Villanueva
En España los juramentos de los cargos públicos están perfectamente pautados por un Real Decreto de hace cuarenta años. El que toma el juramento pregunta textualmente: «¿Juráis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado?». El que jura dice «Sí, juro» y ahí mismo se acaba el trámite. Para los ministros la ceremonia se escenifica en un salón del Palacio de la Zarzuela con el Rey de cuerpo presente y una mesita con la Constitución y la Biblia. Si pone la mano en la Biblia ya sabemos que el ministro en cuestión va a Misa. Lo que ponen todos es la mano sobre la Constitución. No parece algo tan difícil. Si jura, adelante, si no jura se vuelve por donde ha venido y asunto zanjado. Pero de un tiempo a esta parte, es decir, desde que entró Podemos en las Cortes se ha puesto de moda adornar el «sí, juro» con incontables elementos decorativo-ideológicos que, además de no aportar nada al juramento, pueden incluso desvirtuarlo. En honor a la verdad esto de jurar de manera creativa es de la cosecha de [...]