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Enemigos del comercio - Fernando Díaz Villanueva
Las bondades del libre comercio son bien conocidas. No es necesario hacer mucha teoría al respecto porque la práctica se basta y se sobra para demostrarlas. Los últimos setenta años de paz se deben en buena medida a una política arancelaria laxa y a la creencia firme por parte de los Gobiernos de que, si los bienes no cruzan las fronteras, lo harán los soldados. Esta liberalización general del comercio mundial tras la guerra fue la consecuencia directa del proteccionismo de los años 30. Se le culpó como uno de los responsables del ascenso de los fascismos en el periodo de entreguerras. El programa económico de posguerra se fundamentaba en evitar a cualquier coste que aquello volviese a suceder. La pobreza y el desempleo fue el alimento que llenó las filas del partido nazi. Detrás de aquello estaba el cierre de fronteras y la caída del comercio transatlántico a partir de 1930. La Alemania de Weimar se llenó de desempleados. El resto ya lo conocemos. Así nació el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio), que décadas más tarde se convertiría en la OMC. EEUU, que fue uno de los países más proteccionistas durante los años que precedieron al conflicto [...]