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El saqueo de Venecia - Fernando Díaz Villanueva
El amanecer del 15 de mayo de 1797 fue el último que vio la Serenísima República de Venecia, invicta durante toda su larga historia de más de mil años.Aquel día el primer ejército invasor que entraba en la ciudad navegó orgulloso con sus banderas y mosquetones por el Gran Canal. Louis Baraguey d’Hilliers, un general de segunda al servicio de Napoleón Bonaparte, desembarcó con ceremonia en la Plaza de San Marcos, la piazzetta, y el telón de la gran tragedia veneciana cayó en seco sobre el entablado. No hubo resistencia. Ni pasiva ni activa ni individual ni vecinal ni aislada. Nada de nada. La república que había sido envidia del mundo, paraíso de las ciudades, la más temida del Mediterráneo, se entregó sin rechistar, sin un solo aspaviento, asumiendo su triste destino como si se tratase de un ignoto villorrio del Véneto tomado al asalto por los vándalos. Las razones por las que la fastuosa Venecia, protegida por el mismo San Marcos –cuyos restos reposan en la Basílica–, se rindió como lo hizo siguen desconcertando a los historiadores. Dicen que de la Venecia legendaria, la que había plantado cara a bizantinos y longobardos, a turcos y franceses, no quedaba nada. [...]