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Cuba en un puño: los CDR - Fernando Díaz Villanueva
Cuando una revolución se impone por la fuerza –su único modo de imponerse–, lo primero que hacen los nuevos tiranos es tratar de apuntalarla por la misma vía. Pero, para disgusto de los revolucionarios, no es físicamente posible colocar a un pelotón del ejército en cada esquina, o designar un policía que vigile los movimientos de cada ciudadano, bonito eufemismo que, desde hace un par de siglos, se utiliza para tapar la condición de súbditos de todas y cada una de las personas sojuzgadas por un régimen revolucionario. Cabría preguntarse por qué Zapatero (y los zapateros-consorte) lo utiliza tanto y tan machaconamente en sus discursos. La primera revolución digna del tal nombre, la francesa de la Convención, vio antes que nadie los peligros que acechaban a su régimen de fraternidad, igualdad y libertad universales (y obligatorias). En abril de 1792, mediante una Ley de la Asamblea Legislativa, crearon los Comités de Vigilancia Revolucionaria, grupos locales adictos al partido de Robespierre que acosarían, denunciarían y reprimirían cualquier disidencia. El veredicto de estos comités, formados por doce citoyens (ciudadanos, una vez más), era inapelable y conducía siempre a la guillotina. Llegó a haber en Francia 20.000 de estos comités que empleaban a [...]