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Compostela sólo hay una - Fernando Díaz Villanueva
Hay ciudades que nacen en torno a un castillo, otras abrazando a un viejo campamento romano, la mayoría porque se encuentran en algún punto estratégico y fácil de defender. Santiago de Compostela nació alrededor de la tumba de un apóstol, el apóstol Santiago el Mayor, también conocido como Jacobo el Zebedeo, uno de los discípulos más importantes de Jesús en tanto que perteneció al círculo de sus dilectos. Cuenta la leyenda que un ermitaño del siglo IX vio brillar unas luces sobre un monte despoblado. Hizo partícipe del hallazgo al obispo de Iria Flavia y éste al rey de Asturias. Excavaron y dieron con una tumba que adjudicaron al apóstol Santiago, de quien se decía que había viajado siglos antes hasta Hispania para predicar. Probablemente de aquellas luces proviene el nombre Compostela: “Campus Stellae” (campo de estrellas). Sobre la tumba el rey Alfonso II mandó edificar una iglesia que con el tiempo devendría catedral, el resto lo hizo el camino (o caminos) que llevaban hasta allí. La iglesia primitiva parió una villa, luego un pueblo y finalmente una ciudad que nunca llegó a ser de gran tamaño, pero que los compostelanos adornaron como si se tratase de la misma Roma. [...]