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La vida en punto muerto
Hacía ya algún tiempo que presentaba síntomas abiertamente preocupantes. Estaba inapetente y muy aburrida, como sosa. Sin gas. Sin ganas. Sus días se arrastraban y sus horas – en un desesperado intento de llenar el día – se estiraban hasta hacerse eternas. Hasta que tras un último y traqueteante esfuerzo, la Vida se quedó así, en punto muerto. Se me ocurrió llevarla hasta lo alto de una colina – con el viento de las circunstancias a favor – y dejarla caer pendiente abajo.