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El fin de Merkiavelo
Si hay un gesto por el que conocemos a Angela Merkel es el de las manos juntas formando un rombo con los dedos, es su seña de identidad. Desde que llegó a la cancillería alemana ha ido viviendo una evolución en su forma de gobernar pero no se ha desviado de su estilo. Dejó de ser “la chica”, como la llamó su padrino político Helmut Kohl, a ser apodada desde “la canciller de hierro”, por su férrea disciplina, hasta la viuda negra, debido al debilitamiento que han sufrido históricamente sus compañeros de coalición en el gobierno.