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El brazo largo, largo, largo | Crónicas de una inquilina
Me agacho a recoger el plátano que cayó al suelo desde la estantería, y cuando me levanto me encuentro con un brazo robusto, largo, largo, largo, negro, negro, negro que alcanza un plátano de lo más alto de la estantería. Pasmada lo sigo lentamente desde la punta del dedo meñique, pasando por el h