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Puños cerrados. | Crónicas de una inquilina
Siempre caminé con los puños cerrados y alerta con mis reflejos despiertos, esperando el golpe que llegaría de cualquier lugar. Un día intenté contar las ocasiones en que me peleé a las trompadas con los patojos de la colonia y no pude, fueron tantas, docenas de docenas, todos los días me peleaba y