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Glasses to read. | Crónicas de una inquilina
A los treinta y dos años con cuatro meses y cinco días han arribado –en un tetuntazo- a mi vida los anteojos para leer –y de seguro que para escribir también- pero, -como siempre un pero es la diferencia, la excusa y la explicación- pudieron y tuvieron que haber llegado mucho antes, no en meses n