acalanda.com
Soy culpable de comprar libros de segunda mano |
Cuando era niño de EGB en una España que iba desperezándose, el dinero y los juguetes escaseaban y la evasión de la penuria y el aburrimiento la proporcionaban los tebeos, los cuentos y luego ya adolescente, las novelas. Las bibliotecas públicas arrancaban pero resultaba laborioso el largo paseo hasta sus umbrales, buscar entre libros adquiridos por frío criterio ministerial y superar para el préstamo los filtros propios de una frontera (acreditación, sellado, visado de tenencia de libro por diez días con penalización del retraso en devolver, etc). Fue entonces cuando descubrí el paraíso perdido... que sería paraíso recobrado... Descubrí que en la vieja Vetusta había una "librería de viejo", la Librería Anticuaria, donde se amontonaban libros como en una fosa común. Con desorden pero con precios increíbles y accesibles para alguien como yo. Aquello era el Sangri-La de las palabras, de experiencias escondidas en busca de lector, de libros que gritaban con sus portadas gastadas para que