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463 - Versando Imposibles
Hoy casi cometo uno de los errores más grandes que podría haber hecho: saltarme las lecciones para ir directamente a la zona de confort. En lugar de hundirme de lleno en mi nueva vida, nuevo piso, independencia total, soledad absoluta (y qué gozo) me ha entrado el pánico, pensando en las dos personas que he tenido que decir adiós esta misma semana. He buscado la salida de emergencia, y le he mandado un mensaje a quien no debía para reemplazar el vacío que, seamos sinceros, nadie podrá. Hace casi dos años que esta persona se fue, bueno, que le eché porque me cansé de rentar mis sentimientos. Como si fueran juguetes. Y no. Y hoy con mis ovarios bien puestos y mi raciocinio a la fuga, voy y le mando un mensaje. Bueno, dos. Raciocinio decidió volver. Primer mensaje: “Eh, oye, hace dos años que no nos vemos. El otro día vi a Mike y me trajo recuerdos. Deberíamos quedar y ponernos al día un día de éstos.” Segundo mensaje: ¿redención? “Perdona, lo he pensado mejor y no sería una buena idea. No sé qué mosca me ha picado. Espero que todo esté yendo bien. Un beso.” No sé, me río con solo pensar en la cara del pobre chico al ver dos mensajes de una tía que hace dos años que no ve o sabe nada. ¡Sorpresa! Sigo viva, y sigo siendo tan imperfecta como cuando me dejaste. Eso sí, única, por lo visto. Mis ideas de bombero son inagotables. En serio, cómo el miedo a la soledad y un mínimo ataque de pánico pueden cambiar el curso de absolutamente todo y hacerte cometer los errores más grandes en cuestión de segundos. “Nos echo de menos, nuestras conversaciones, abrazos, bromas, dinámica. Sé que ambos estamos bastante ocupados últimamente, pero eso no lo hace más fácil de digerir. Quería decírtelo por si muero de deshidratación mañana.” Aún sigo esperando respuesta. Y a esto es a lo que llamo yo hacer lo que me da la gana, decir lo que me da la gana, jugármela emocionalmente y no esperar nada a cambio. Porque si decimos lo que los demás esperan oír, el mundo estaría lleno de espejos rotos y pañuelos.