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Y ahora, dos enormes pechos os harán recordar para siempre por qué la democracia vale la pena
En el juego de la vida, cada uno de nosotros tenemos que jugar con la mano que se nos ha dado. Con una baraja de un millón de cartas con sólo dos ases. Y los doses están empapados en anthrax y si sacas el cuatro de picas te brota un tumor. Y la banca limita…