nuevayorkdigital.com
Una visita al Tostadero
Blanca Irene Arbeláez Cuando penetramos en la luz roja todo se hace más intimidante. Es como un jardín inmenso sembrado de árboles de sangre, vómito y estiércol por donde se pasean las más repugnantes criaturas, desde políticos hasta serpientes de tamaño descomunal. El piso es de grava cortante, y lleno de brasas ardientes, plantas venenosas que emanan pestilencia. Entonces comprendemos, éste es el jardín principal que rodea el palacio del propio Satán. Seguimos adelante y en pocos instantes estamos entrando por las puertas, bastante lujosas eso sí. —Hemos llegado a la casa del Diablo mismo.—le digo a Sarai.— Tenemos que ser muy prudentes con él. A veces está de mal humor, como a veces puede ser en exceso amable y hasta zalamero. Debemos tener cuidado y tratar de no cometer alguna imprudencia. Los guardias infernales nos abren paso. La mansión de Satanás, después de todo, no me impresiona demasiado. Me recuerda los [...]