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Todavía recuerdo mi primer beso…
Crecí en una época muy bonita, donde los jóvenes llamábamos por teléfono a nuestros enamorados y nos quedábamos callados, sin importar quien contestara. Conocíamos las letras de todas las canciones románticas y dedicábamos canciones a nuestros platónicos amores sin dar la cara. Fue con mi generación que el cartero entregó las últimas cartas de amor eterno, selladas con un beso rojo al dorso y una poesía.