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Final de Champions: Real Madrid – Atlético de Madrid
Lágrimas en Milán. La verdad es que llevo sentada delante del ordenador varias horas y no sé cómo empezar a escribir este post. Quizá sea uno de los post que más me esté costando escribir, ya que lo hago desde el desconsuelo, la desilusión y la más profunda tristeza. Recuerdo la euforia con la que escribí el día que pasamos a la semifinal después de vencer el Atlético de Madrid al Barça. Ese mismo día, decidí que iba a ir a Milán, no sabía quién nos iba a tocar en semifinales pero tenía la certeza que este año llegaríamos a la final de nuevo. Desde entonces muchos nervios, alegría máxima cuando derrotamos al Bayern y mucha ilusión organizando el viaje. No ha sido fácil llegar a Milán. A una semana del partido y con los billetes de avión y hotel sacados no teníamos entrada. Iba con mi novio, queríamos conseguir dos entradas juntas y eso era una misión bastante complicada. Para rizar más el rizo, él es del Madrid así que preferíamos ir a zona UEFA por eso de no tener problemas en ninguno de los dos fondos, pero al final fue imposible y conseguimos dos entradas juntas en el fondo del Atlético de Madrid gracias a favores de varios amigos. El viernes llegamos al aeropuerto y allí nos juntamos con 3 amigos que iban en el mismo vuelo que nosotros y con los que compartiríamos coche. Volábamos vía Ginebra y luego nos esperaban 3 horas de carretera hasta llegar a Milán. En el avión se notaba el ambientazo, mucho seguidor rojiblanco y canticos sin parar en las casi dos horas de vuelo. No os voy a aburrir con el viaje, simplemente os diré que hay una palabra que define todo el viernes y el sábado antes del partido: ilusión. Cuando llegamos a Milán fuimos a tomar algo y era espectacular la cantidad de madrileños que había en las calles. Llegó el día del partido, ese día con el que sueñas desde que eres pequeña. Todavía tenemos muy presente el minuto 93 y queremos ganar. No por la venganza, sino porque ha sido un año en el que hemos demostrado que somos merecedores del título después de haber eliminado a todos los favoritos. No quiero hacer comparaciones pero mientras el Madrid ganaba a la Roma, Wolfsburgo y Manchester; el Atlético de Madrid eliminó a PSV, Barça y Bayern. Veníamos de ganar partidos dificilísimos y creíamos en la victoria. El previo del partido fue genial. Estuvimos comiendo con unos amigos, todos atléticos en una trattoria que convertimos en un templo rojiblanco. Risas, nervios, más risas y mucha ilusión. Estábamos a unas pocas horas del inicio del partido y cuanto más se acercaba la hora más nervios teníamos en el estómago. Después de la comida fuimos al Duomo dónde había un ambientazo y después a la Fan Zone del Atleti. Tengo que hacer especial mención a la buena convivencia de las dos aficiones, excepto a la entrada de San Siro, dónde vimos una pelea bastante grande, el fin de semana ambas aficiones convivieron sin ningún incidente, típicos piques entre risas finalizados con un brindis. Por fin estábamos dentro del estadio, después de tanto esfuerzo, de tantos kilómetros recorridos, ahí estábamos, dispuestos a dejarnos la voz y la piel para que los jugadores sintieran nuestra fuerza y fuéramos 12 en el campo. Ser del Atlético de Madrid no tiene igual, es una manera de vivir, una manera de sentir. Somos gente hecha de otra pasta, amamos nuestro equipo sin un porqué. Simplemente nuestro corazón nace rojiblanco y moriremos así. Nunca dejaremos de creer. En el campo se notaba la tensión, las gradas abarrotadas, sorprendentemente había muchísima más gente del Madrid que del Atleti. Toda la zona UEFA era blanca, sabíamos que teníamos que animar más que nunca para que se nos escuchara, y otra vez demostramos ser la mejor afición del mundo. La actuación de Alicia Keys y Andrea Bocelli fueron espectaculares, pero no calmaron los nervios. El gol del Madrid llegó muy pronto, fue un jarro de agua fría, pero no bajamos los brazos y seguimos animado. Fallamos un penalti y más seguimos animado. Esta vez teníamos el corazón en un puño, pero con nuestro gol, la grada se vino abajo, nuestros corazones están hechos de otra pasta, aunque estoy convencida que a más de uno le dio un susto de los nervios que pasamos. Estábamos dentro del partido, el Madrid no podía más, estaban agotados y no supimos rematarles. Fuimos a la prórroga y a los penaltis, y el resultado ya lo sabéis. ¡Cuántas sensaciones y emociones en tan poco tiempo! Ahora toda la ilusión y todos los nervios se habían transformado en la más profunda tristeza. Tengo grabado el abrazo que di a mi novio, él contento por haber ganado, sin celebrarlo, abrazándome mientras yo lloraba desconsolada. ¿Cuánta gente no estaría como nosotros, separados por unos colores? Nuestro vecino, nuestro amigo, nuestra mujer, esta vez todos éramos de una misma ciudad, pero estábamos más separados que nunca. Recuerdo un niño abrazado a su padre llorando sin consuelo, no creo que tuviera más de 10 años. Me imagino como habrá sido su vuelta al cole hoy, con qué ánimo se presenta en una clase que probablemente, el 80% de compañeros sean del Madrid y le estarán esperando para hacer alarde de la grandeza de su equipo con 11 Copas de Europa. Si ese niño que vi me pudiera leer, solo le diría que se sintiera orgulloso y que defendiera sus colores allá por donde v aya. Ser del Atleti es un orgullo y un honor que solo los privilegiados podemos sentir. Algún día levantaremos la orejona y ese día, no sé si en uno, diez o veinte años, me acordaré de la cara de ese niño y lo feliz que irá ese día al colegio o al trabajo. La gente que me conoce sabe que nunca he sido antimadridista y jamás he defendido a mi equipo atacando a otros, así que no entiendo esa necesidad que tienen algunos madridistas de alardear y echar más leña al fuego. Desde aquí doy la enhorabuena a los madridistas de bien, a los que celebran su título con educación y no se centran en meter el dedo en la llaga. A los que no saben celebrarlo y ni siquiera saben porque son del Madrid solo les puedo decir, que no cambio ser del Atleti ni por 11 copas de Europa. Mientras seguiremos trabajando, haciendo las cosas bien, animando y soñando con más fuerza que nunca para que algún día esos niños que hoy portan su camiseta del Atleti con un nudo en el pecho, puedan llegar a sus clases y gritar: ¡Somos Campeones de Europa! ¿Me seguís en esta linda locura? Nekal 😉