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Un fin de semana en Roma
Roma: la ciudad eterna. Hoy os voy a contar el viaje que hice el fin de semana pasado a una de las ciudades con más historia del mundo: Roma. Soy consciente que este blog trata sobre eventos, pero en realidad, el objetivo es transmitiros las ganas de vivir, la necesidad de hacer cosas y ofreceros eventos, viajes y planes para que disfrutéis de la vida como intento hacerlo yo. Nuestro viaje empezó el viernes. Llegamos a Roma a las 9 de la mañana para aprovechar el día al máximo, ya que solo íbamos hasta el domingo y había muchas cosas que visitar. Del aeropuerto nos fuimos a hotel a dejar las maletas. Esta vez hicimos el viaje a través de una agencia: viajes Bye, es de mi amiga Sara y la verdad es que da gusto como gestiona y organiza todo, os lo recomiendo. Cogimos el Hotel Independent, al lado de la estación de Termini, súper bien ubicado, con unas vistas geniales de todo Roma. Parada técnica en la habitación para soltar maletas y ya estábamos listos para patearnos la ciudad eterna. Roma es una ciudad para recorrerla andando. En cada esquina, en cada plaza encuentras edificios, restos históricos, fuentes preciosas que dan ese toque mágico a esta bella capital. Desde el hotel caminamos hasta la mítica Fontana di Trevi, esta es la tercera vez que viajo a Roma y os puedo garantizar que cada vez que veo esta fuente quedo asombrada por su majestuosidad. Más de 40 metros de frente la hacen que sea una de las fuentes más espectaculares del mundo. Foto de rigor y continuamos nuestra ruta, esta vez nos dirigíamos a Piazza di Spagna. Plaza con una escalinata muy conocida donde la gente se sienta a charlar y llena la plaza de vida. Esta vez la escalinata estaba cerrada por obras, pero se podía ver al final de la misma la iglesia de Trinitá dei Monti. Teníamos una visita guiada por los museos del Vaticano, Capilla Sixtina y San Pedro a las 14:00h, así que comimos un par de trozos de pizza mientras caminamos hacia allí. Lo bueno que tiene Roma e Italia en general, es que puedes comer muy barato. Nuestra pizza estaba riquísima y pudimos llenar el estómago por algo más de 8€ los dos. Cruzamos el puente Cavour y llegamos a un edificio enorme que nos dejó impresionados, era el Palazzo di Giustizia. Espectacular edificio que demuestra el poderío de esta ciudad. De ahí pasamos por delante del Castel Sant’Angelo y llegamos al Vaticano. Por los aledaños hay un montón de guías que te ofrecen sus servicios. El tour dura alrededor de 2horas y media. Había muchísima gente haciendo el recorrido pero merece la pena. Especialmente me impresionó El Juicio Final de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Una obra que hemos visto millones de veces, pero esta vez, nuestra guía nos explicó todos los porqués y realmente curioso la cantidad de detalles que tiene el mural. De ahí pasamos a San Pedro, da igual que seas cristiano o no, hay que saber apreciar la belleza y esta Basílica es realmente preciosa. No quiero aburriros con detalles de arte, ya que tampoco soy una experta, pero sin lugar a dudas, si vais a Roma, tenéis que entrar a verlo. Aunque llevábamos más de 5 horas andando sin parar y el cansancio se empezaba a notar, no paramos y fuimos a Piazza Navona. Característica por las tres fuentes que la forman, es una plaza rodeada de terrazas, llena de gente lo que la convierte en uno de los centros sociales y culturales de Roma. Paseamos por la plaza y nos sentamos en la fuente del extremo opuesto por el que entramos. Unos minutos de relax mientras observábamos el bullicio de la gente y pusimos rumbo a la última parada del día: el Panteón. Espectacular templo de altísima cúpula, formada por cuadrados simétricos que resaltan la perfección de la construcción de la época. Es increíble que tantos años atrás pudieran hacer semejantes construcciones sin maquinaria, el ser humano nunca dejará de sorprenderme. Después del Panteón nos fuimos al hotel y caímos rendidos en la cama, había sido un día muy largo y nuestras piernas achacaban las 9 horas de paseo que nos dimos. Al día siguiente, desayunamos en la última planta del hotel con unas vistas a todo Roma, la verdad es que empezar así el día motiva a cualquiera, teníamos por delante otro largo día y había que coger fuerzas. Empezamos con un tour por el Coliseo, Foro y Palatino, cogimos una guía y nos fue contando toda la historia de la construcción del Coliseo, como vivían los gladiadores y cómo funcionaba el entretenimiento del pueblo en aquella época. No os voy a aburrir con exceso de información sobre este tema, pero sin duda si que os aconsejaría coger una guía porque os evitáis las colas de entrada y vais a tiro hecho mientras os cuentan un montón de curiosidades. Comimos en una terracita muy chula al lado de la oficina de turismo, ¡todo estaba riquísimo! Descansamos un poquito los pies y la espalda y continuamos con nuestra caminata. La siguiente parada fue la Basílica de San Pietro in Vinicoli donde se encuentra el Moises de Miguel Ángel. Yo nunca entendí muy bien el arte hasta que vi el David de Miguel Ángel y ahí supe valorar la grandeza y majestuosidad de su destreza, tenía un don y le convirtió en un genio. Miguel Ángel fue el primero en dar perspectiva y movimiento a las esculturas, tenemos que tener en cuenta que en esa época no había la información que hay ahora sobre anatomía, y Miguel Ángel representaba el cuerpo humano con unas dimensiones perfectas. Cuando salimos de ver el Moisés nos dirigimos a mi monumento favorito de Roma, el monumento a Victor Manuel II en la Piazza Venezia. La primera vez que lo vi me quede anonadada con su grandeza y belleza. Una escalinata preciosa, con una estatua a caballo de Victor Manuel II, primer Rey de la Italia unificada, en el centro y justo debajo custodiado por dos guardias, una corona de flores homenaje al “soldado desconocido”. Como curiosidad, no te puedes sentar en el suelo ni ponerte de rodillas para hacer fotos, está prohibido y más de un turista despistado era sorprendido por el pitido de los guardias reclamando que se levantaran. La última parada antes de la cena, fue el puente Milvio, uno de los puentes con más historia de Roma, ya que en él se disputó la Batalla de dicho puente, en el que el cristianismo se unificó con la victoria de Constantino. Pero en realidad, el puente en sí, en la actualidad es más conocido porque los enamorados van hasta allí para poner un candado tirando la llave al río para tener amor eterno. Así que nosotros, no podíamos dejar de pasar la oportunidad y pusimos nuestro candado sacando los quinceañeros que llevamos dentro. Para poner broche a un día perfecto, cenamos en el Trastévere, uno de los barrios con más encanto de todo Roma. Calles estrechas, llenas de gente, muchísimas terrazas y puestos en las calles. Cenamos en una de las terrazas con vistas a la Iglesia, la comida era bastante regular pero el ambiente y la ubicación inmejorables. Os recomiendo tomar una copa y perderos por sus calles porque son preciosas. Al día siguiente, aprovechamos la mañana antes de ir al aeropuerto, para ver lo que nos faltaba: la Bocca della Veritá, Circo Máximo, San Giovanni in Laterano y la Basílica de Santa María la Maggiore. En la Boca della Veritá tuvimos que esperar bastante cola, aunque iba rápido porque la gente lo único que buscaba era hacerse una foto y llevársela de recuerdo. Del Circo Máximo solo queda una explanada muy grande que con un poco de imaginación podrías imaginar cómo serían las carreras de carros sobre la arena. De San Giovanni in Laterano y Basílica Santa María la Maggiore nos volvió a sorprender la grandeza de su construcción y la perfección y bellaza con la que estaban hechas. Al final no alargamos más de la cuenta en nuestra visita y nos tocó correr para coger el bus de vuelta al aeropuerto. Una vez en el avión íbamos con una sonrisa y con la certeza de haber visto una de las ciudades más bonitas que hay sobre la faz de la Tierra. Animaros a viajar, hay tantos sitios por visitar en el mundo que si pudiera, estaría todo el día viajando. Deleitaros con los pequeños detalles, valorar la belleza, disfrutad del silencio y sobre todo vivir vuestra vida al máximo, no hace falta dinero para comerse una bolsa de pipas bajo la sombra de un árbol en el retiro o tomarte un helado frente al Palacio Real. Aunque suena a topicazo, nadie va a vivir la vida por vosotros, así que ¡vivir! ¿Me seguís en esta linda locura? Nekal 😉