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DULCITO, UNA HISTORIA BAJO LA CARPA ROSA
Eran las once de la mañana de un frío martes otoñal. Había salido en el auto en búsqueda de algún paisaje o algo en el camino que me despertara el deseo de prender mi cámara y disparar. Luego de hacer unas tomas de reflejos de árboles en el río y de algunas nubes y cuervos, llegué nuevamente frente a él. Lo había visto varias veces y varias veces quise detener el auto y entrar, pero por falta de tiempo y otros motivos no lo había hecho. Esa vez no me quedé con las ganas y fui a echar un vistazo. Ni bien había empezado a husmear, llegó un auto y se estacionó junto al mío. Bajó una delgada señorita de cabello ondulado y pestañas postizas y me dijo: "Es muy temprano, la función empieza a la una". Hacía más de dos décadas que no ingresaba a uno. Regresé minutos antes…