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¡Cuidado con las culebras!
Ayer caminaba cual Caperucita alegremente por el bosque, hasta que vi un cartel que decía «Cuidado con las culebras» en ese mismo instante vi como algo cayó desde la copa de un árbol y descendía por mi espalda... Mis gritos se escucharon hasta Narita. Juan, mi esposo, blanco como un papel, trataba desesperadamente de quitarme la rama seca que por poco y me mata.