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Crónica de un viaje interior en el parque
La semana pasada en Ámsterdam nos decidimos a probar trufas psicodélicas. El plan era que yo haría el experimento primero, mientras Martín visitaba con sus padres el pueblo de Haarlem, y él los consumiría al día siguiente. Aclaro que no soy de esas personas que ven a los psicodélicos como una forma divertida de ver colores y cosas que se mueven: yo esperaba una experiencia espiritual, y la tuve.