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Frente al pelotón de fusilamiento, en Comala: Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.
Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias. El camino subía y bajaba: “Sube o baja según se va o se viene. Para e…