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La peor enfermedad
La amistad y la palabra / Enrique Silveira Me lo encontré una tarde mientras paseaba. Hacía mucho que no nos veíamos. Me sorprendió su aspecto, porque siempre había llamado la atención por su apostura, su elegancia y su perenne sonrisa. Ya no era el mismo y no se adivinaba si el deterioro provenía