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Las Sirenas por Erick Boné | Austrobórea
Tiberio recolectaba bayas de luz en la rivera. Estaba exhausto, era la época del año en que la comida escaseaba. El resto de sus compañeros estaban cerca, todos ocultos en los frondosos árboles. Su lenguaje era rudimentario, más bien conceptual, pragmático. Ideas para ser entendidas rápido, como todo en su vida nómada en Nagal, el pequeño planeta que era su hogar. El vigía imitó al ave de la tarde, señal de que todo marchaba bien, que podían proseguir. Cuando el sonido fuese un chirrido agudo todos sabían que tenían que correr en dirección a su complejo de túneles, desde donde era más difícil sacarlos y podían ofrecer una defensa más o menos decente, aunque Tiberio sabía que poco podía hacerse al respecto cuando las naves descendían y en realidad era cuestión de suerte y agilidad. Las naves llegaban desde el cielo desde que tenía memoria. Siempre había hombres que elaboraban rutas y túneles y los siguientes los ocupaban cuando los viejos morían o sucumbían ante las Sirenas.