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Cuestión de días | AtenasDigital.com
Una mañana cualquiera me levanto pensando en lo que tengo que hacer. Aún con legañas en los ojos lleno un bol de cereales y lo lleno de leche. Mientras leo las primeras noticias de la mañana en mi diario de cabecera me llevo a la boca la primera cucharada de mi desayuno. Un sabor amargo recorre mi paladar y un olor agrio sale por los agujeros de mi nariz. Ni siquiera puedo tragar los cereales. Vuelvo a la cocina, sujeto ante mi el cartón de leche que compré la mañana anterior y descubro que le fecha de caducidad está pasada seis días. Empeñado en que quería comer cereales aquella mañana, bajo al kiosko que hay justo en la calle de mi casa y agarro un cartón pequeño de leche que cuesta un euro (sí, en Grecia se puede comprar leche en los kioskos), miro la fecha de caducidad y descubro que su contenido también estaba pasado de fecha dos días. Ya un poco indignado, me dirijo a otro kiosko que hay relativamente cerca del primero. Abro la cámara frigorífica, cojo un cartón pequeño de leche