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Porque no hablo francés
Tenía siete años, era un niño normal, tirando a tímido y estaba descubriendo el mundo de las sensaciones. Me habían mandado en verano a clase de francés, para aprovechar el tiempo, según dijeron. Y allí estaba, sentado en un ambiente decimonónico ante una mesa camilla con tapete de flores y un reloj de péndulo como