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Supervivencia
Los dos hombres permanecen silenciosos ante la fogata. Ya no hay nada de que hablar y no conviene exponer la cavidad bucal al intenso frio. Ataviados con pieles de oso y zorro soportan estoicamente la dureza climatológica que azota la taiga. Por fin ha dejado de nevar y el sol está bajo, aunque le quedan otros dos meses de mantenerse a esa altura. Quizás antes hayan podido regresar a algún poblado, si es que logran hacerse con algo de carne que llevarse a la boca. Llevan una semana sin atisbar un animal, vivo o muerto. Lo poco que les queda de su última cacería está puesto al fuego para descongelarse en una primera etapa. Después lo asarán ligeramente y comerán con fruición. Mientras, descansan. Recorrer esos parajes y en extremas condiciones agota en pocos minutos. Finalizada la escueta provisión alimenticia emprenden de nuevo la marcha, en silencio, quizá cruzando por sus mentes el mismo pensamiento: un fatal accidente que les haga apretar el gatillo en la dirección donde se encuentra su compañero.