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Volver a caminar
Cuando era pequeño el cielo estaba más cerca, mucho más cerca. Quizá sea por eso que me gusta tanto la nieve, porque trae consigo el olor del cielo. A menudo, en las mañanas nevadas, en lugar de hacer transbordo salgo de la estación, y llamo diciendo que estoy enfermo, y me paseo bajo la protección de mi paraguas transparente, que me permite contemplar la nieve resbalando. Las mañanas soleadas sin embargo hago el transbordo y vengo aquí, como se supone que debo hacer, pero siempre me digo que no es lo que debería hacer. A Paula la conocí en uno de mis paseos, es diez años mayor que yo y dudo que se interese por mí, pero cada mañana nevada me acerco a la marquesina donde parece que espera, aunque en realidad sólo mira cómo todo pasa, y me interesó por ella.Su historia ese demasiado triste para contarla, y además creo que no le gustaría que lo hiciera. Sólo puedo decir que tiene los zapatos desgastados, y que ya no quiere caminar más. Por las noches antes de dormir, y por las mañanas antes de abrir los ojos siento la necesidad de rezar para que nieve, y durante unos segundos me convenzo de que fabricar zapatos es lo único que puede sacarme de este lugar.