signoeditoresliteratura.es
Un día más
Como cada día salió de casa con la mochila llena de libros y el alma llena de pena. Caminó con desgana los ocho minutos que separaban su casa del instituto. Sabía que llegaría exactamente con el timbre que indicaba que empezaba la jornada escolar. Se negaba a estar más tiempo del necesario en ese infierno disfrazado de instituto, ya recibía durante cinco horas el escarnio y la burla suficiente. Se preguntó qué chistes sobre ella harían ese día, qué nuevo mote inventarían, si hoy se meterían con su forma de andar o de hablar o se limitarían a dedicarle epítetos poco amables. Tampoco ese día los profesores acudirían en su ayuda, después de todo no le pegaban, sólo eran bromas de unos adolescentes. Nada grave. Pero ella no estaba de acuerdo. Quería gritarles a todos que estaba mal y que a veces dolía más una mala palabra que los puños. Y quiso gritar de rabia y de tristeza porque estaba cansada de sentirse pequeña, insignificante y sola. Porque dolía tanto que a veces no podía respirar. Porque la soledad se clavaba como mil puñales. Y porque no sabía si era capaz de seguir siendo fuerte mucho tiempo más. El móvil le avisó que había recibido un mensaje que decidió ignorar. No podía soportar que ese pequeño aparato le quitara la poca tranquilidad que tenía, que ellos siguieran dañándola a distancia. Por fin llegó a la puerta del instituto se paró unos segundos para tomar aire y entró. Quisiera o no debía ser fuerte un día más.